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Verde Olivo , 3 de julio de 1960.
Desde que se formaron los imperios modernos, los imperios económicos ha sido preocupación de todos el tener bajo su férula a los pequeños países llamados clementemente subdesarrollados. La forma mejor era convertirse en el comprador único de artículos únicos que produjeran; vemos cosas fantásticas: Brasil tiene setenta millones de habitantes, más de ocho millones de kilómetros cuadrados; podría ser una terrible potencia americana, y sin embargo, depende de la cuota del café. Uruguay, de su lana; Bolivia, de su estaño; Chile, de su cobre; Perú, de uno de los dos minerales; Colombia también del café; Venezuela del petróleo; los países de América Central, del algodón o del plátano; el gran México del algodón. Y nuestra Cubita bella del azúcar.
Sabiamente han distribuido país por país el producto necesario y a la vez el producto que de producirse un boicot, haría tambalear o caer el país en cuestión. En estos días le dieron un zarpazo a México con el precio del algodón. A Chile lo tienen constantemente comprándole el cobre a bajo precio. A Bolivia le regalan veinticinco millones por un lado y roban cien o más por otro. A Brasil tratan de domarlo por medio del Fondo Monetario, pero ya ese gigante está demasiado grande, y tiene demasiada conciencia de su fuerza. Aparte, a Cuba han tratado de cercenarle todos sus ingresos, de aherrojarla, aislarla y luego destruirla y empieza el juego de la cuota. Con esa manía de hipocresía, no expresan directamente lo que sabe todo el mundo, es decir, que Cuba es el centro de un ataque de los Estados Unidos. De ninguna manera esa agresión que se produce es porque Cuba no será capaz de producir la misma cantidad de toneladas que el año pasado, sino un millón menos. Vamos a suponer incluso que Cuba produjera un millón menos, de cinco millones setecientas mil toneladas, bajaría a cuatro millones setecientas mil; nosotros a los Estados Unidos le vendemos dos millones setecientos mil, tenemos un contrato con la Unión Soviética por un millón, y un contrato por cuatrocientas mil con Japón, es decir, tenemos todavía un buen margen de azúcar y es lógico suponer que a quien primero venderíamos es a nuestros clientes habituales, los Estados Unidos de América. Por eso, es que suenan tan farisaicas e idiotas las frases del Sr. Herter. Y allí está la apuesta pública que Fidel le hiciera: o nosotros renunciamos a toda la cuota, a ellos ponen un millón más en la cuota, y además el ofrecimiento de abastecer el consumo total a precios inferiores a los actuales. Naturalmente, estas son especulaciones. Estados Unidos nos agredirá bajando la cuota, simplemente porque ese es el camino del Imperio, porque no conoce otra actitud, otra negociación que la fuerza y porque, en su soberbia, están acostumbrados a tratar a todo el mundo como si fuera su siervo. Que no se equivoquen: con cuota a sin cuota, Cuba seguirá siempre de pie y nunca de rodillas; esa es una posición que olvidaron hace largos meses los hombres que llegaron de la Sierra.