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Despedida a las Brigadas Internacionales de Trabajo Voluntario.

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(fragmento)

30 de Septiembre de 1960

(…) Pecaríamos nosotros si pensáramos explicarle a cada uno de los compañeros que vino desde diversas partes del mundo, qué es una Revolución, y si pensáramos incitarlos a seguir este ejemplo, como si esto fuera único en el mundo.

Esto no es nada más, pero tampoco nada menos, que un pueblo que ha entrado en Revolución, y que está muy firmemente dentro de ella. Muchos de los jóvenes del mundo entero saben ya lo que es entrar en Revolución, como lo saben los cubanos, y saben también los resultados magníficos que obtiene el pueblo cuando se ha podido desligar de las trabas que han impedido su desarrollo.

Pero también, desgraciadamente, hay muchos compañeros de América y del mundo entero, que todavía no han podido ver a su pueblo entrar en Revolución. Todavía, quizás, no puedan explicarse bien cuál es el fenómeno histórico, por el cual Cuba, un país más colonizado que otro, no más explotado que otro, encontró, sin embargo, en su desesperación, la fuerza necesaria para empezar la lucha que rompería las cadenas. Y es, en verdad, difícil explicarlo, de acuerdo con las teorías conocidas, el por qué ha sido aquí, precisamente en Cuba, donde se dio el primer grito de libertad definitiva en América, y donde se pudo avanzar hasta el momento que vivimos. No pretenderemos tampoco explicarlo; no pretenderemos, tampoco, que este ejemplo cubano sea la única forma de realizar el anhelo del pueblo, que sea este camino de luchas el único y definitivo para alcanzar la felicidad verdadera, que es la libertad y el bienestar económico. Sin embargo muchas de las cosas que aquí hicimos, se pueden hacer en casi todos los países oprimidos; oprimidos, colonizados, semicolonizados, no subdesarrollados como nos llaman, porque nosotros no somos subdesarrollados. Estamos, simplemente, mal desarrollados, mal desarrollados porque el imperialismo hace tiempo que ocupó nuestras fuentes de materias primas y se dedicó a desarrollarlas de acuerdo con las necesidades imperiales.

No es necesario abundar en ejemplos. Ustedes conocen cómo es el azúcar de Cuba, cómo es el algodón de México o el petróleo de Venezuela, o el estaño de Bolivia, o el cobre de Chile, o la ganadería o el trigo argentino, o el café brasileño. Todos tenemos un denominador común: somos países de monoproducto, y tenemos también el denominador común de ser países de monomercado.

Ya sabemos, entonces, que en el camino de la liberación hay que luchar contra el monomercado primero, contra el monoproducto después, y diversificar el comercio exterior, y diversificar la producción interna. Y, hasta aquí, todo es sencillo. El problema es cómo hacerlo. ¿Se va a hacer vía parlamentaria; se va a hacer por la vía de los fusiles; se va a hacer por una mezcla de vía parlamentaria y vía de los fusiles? Yo no sé ni puedo responder exactamente a esa pregunta. Lo que sí puedo decirles es que las condiciones cubanas bajo la opresión imperialista, y bajo la opresión de sus títeres internos, no vimos otra salida para el pueblo cubano que la voz de los fusiles.

Y a quienes pregunten llenos de tecnicismos, por ejemplo, qué capital se necesita para iniciar una Reforma Agraria, le diríamos que no necesita; el único capital: el de un pueblo armado, consciente de sus derechos. Con ese solo capital pudimos aquí en Cuba realizar nuestra reforma agraria, profundizarla, seguir adelante en ella, e iniciar el camino de la industrialización.

(…)

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