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Temprano, salimos con pocas ganas, para llegar a la laguna de Pirirenda por un sendero que encontraron Benigno y Camba en una exploración. Antes de salir reuní a todo el mundo y les tiré una descarga sobre los problemas confrontados; fundamentalmente, el de la comida, haciendo críticas a Benigno por comerse una lata y negarlo; Urbano, por comerse un charqui a escondidas y Aniceto por su afán de colaborar en todo lo que sea comida y su renuencia a hacerlo cuando se trata de otra cosa. En el curso de la reunión se escucharon ruidos de camiones acercándose. En un escondite cercano guardamos una cincuentena de jocos y dos quintales de maíz desgranado para eventuales necesidades.
Cuando estábamos fuera del camino, ocupados en recoger frijoles, sonaron descargas cerca y, poco después, vimos la aviación “bombardeándonos ferozmente”, pero como a 2 ó 3 kms. de nuestras posiciones. Seguimos subiendo una lomita y apareció la laguna, mientras los guardias continuaban su tiradera. Al anochecer nos acercamos a una casa cuyos ocupantes la habían abandonado poco antes, la que estaba muy bien surtida y con agua. Comimos un sabroso fricasé de gallina con arroz, y permanecimos hasta las 4.00.