Leer el Diario

En este diario, además, gravita sobre lo escrito la hazaña de los hechos narrados y sus actores, el escribiente mismo y su dimensión heroica, y una suerte de rabia irreconciliable, que perdura aún frente al desenlace bestial de La Higuera, hace cuatro décadas.

 

Prefacio de Camilo Guevara March a la última edición del Diario de Bolivia.

Confiscada por los militares bolivianos, en la última hoja de una agenda verde, con fecha 7 de octubre de 1967, apenas se puede leer por la difícil caligrafía de su autor: “Se cumplieron los 11 meses de nuestra inauguración guerrillera sin complicaciones, bucólicamente…” Estas palabras no parecen de ningún modo el epílogo de la epopeya heroica que se describe en este Diario, no se percibe ni el más mínimo dejo de desánimo, de pesimismo, de derrota; por el contrario, parece un principio, el prólogo.

 

Una introducción necesaria.

Era costumbre del Che en su vida guerrillera anotar cuidadosamente en un Diario personal sus observaciones de cada día. En las largas marchas por terrenos abruptos y difíciles, en medio de los bosques húmedos, cuando las filas de los hombres, siempre encorvados por el peso de las mochilas, las municiones y las armas, se detenían un instante a descansar, o la columna recibía la orden de alto para acampar al final de fatigosa jornada, se veía al Che -como cariñosamente lo bautizaron desde el principio los cubanos- extraer una pequeña libreta y con su letra menuda y casi ilegible de médico, escribir sus notas.

 

La sustancia del Che o los retornos del mito.

El Che es acción y ejemplo real, vida y ejemplo de carne y hueso, teoría y práctica al unísonos. Solo es ideal lo que se puede lograr aunque no se logre, lo que se pueda soñar aunque no se realice, pero que tenga, en ambos casos, la fe y la vocación inquebrantable de servir, de dar lo que uno, humanamente, es capaz de hacer y dar.

 

El Che Guevara en la música

El Che nos ha dejado un legado fundamental para nuestra actividad musical. Todo lo que podemos decir sobre su pensamiento, aplicado al arte musical, sigue siendo lo mismo: Hay que hacer la revolución, llevarla del campo a la ciudad, entregarla a todos los hombres, mujeres y niños en el proceso.

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